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¿Fuga o secuestro? Una historia de amor en Afganistán
- 13 de abril de 2021
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KABUL, Afganistán – Cuando Nabila, de 23 años, se enamoró del vecino, su romance tenía todas las condiciones para convertirse en una complicación. Ya se había prometido la mano de Nabila en matrimonio a su primo, una práctica común en su comunidad afgana.
El matrimonio es un rito de paso crucial en Afganistán, no sólo para quienes se casan, sino para sus familias. Los padres, y a veces otros parientes, desempeñan una función clave en la deliberación sobre parejas potenciales.
En algunos casos, la novia o el novio tienen voz en el proceso de toma de decisiones. En otros casos, los matrimonios se organizan por razones no relacionadas con la felicidad de la pareja prometida: se puede acordar un matrimonio para fortalecer lazos familiares, para liquidar deudas o para resolver disputas. En tales arreglos, la novia y el novio podrían tener poca influencia en torno a la elección de su pareja.
Salim, el vecino de Nabila, de 26 años, probó suerte de todos modos. Le pidió permiso a la familia de Nabila para casarse con ella. Nabila regresó con malas noticias. Sus padres habían rechazado su oferta.
Para permanecer juntos, Nabila y Salim sólo tenían una opción: fugarse de Kabul como pareja. Sin embargo, casarse sin la aprobación de la propia familia puede ser extremadamente peligroso. La desobediencia es ampliamente vista como una afrenta al honor familiar, que puede dar lugar a un castigo severo por parte de la familia, la comunidad o las autoridades locales. En algunos casos, uno o ambos miembros de la pareja pueden resultar lesionados o incluso muertos.
En muchas comunidades, “fugarse significa dar la espalda a la propia familia, que es la espina dorsal de la cultura afgana”, explicó Sulaf Mustafa, especialista de género del UNFPA en Afganistán. “En tales circunstancias, y especialmente las mujeres, son objeto de lo que se conoce como 'asesinato por honor' si eligen fugarse”.
Nabila y Salim huyeron a Nangarhar, donde fueron remitidos a un líder religioso local que ofició su boda.
Aunque estaban felices, también temían el futuro. La familia de Nabila culpó a la familia de Salim por la desaparición de la pareja; ambas familias estaban furiosas.
Los padres de Nabila visitaron el cuartel policial local y se dirigieron a la unidad de respuesta familiar. Según informaron, Salim había secuestrado a su hija, pero en ese punto las fortunas de la pareja dieron un giro inesperado.
La unidad de respuesta familiar, junto con otras 26 unidades de ese tipo situadas en comisarías de policía de todo Afganistán, forman parte de un programa apoyado por el UNFPA que proporciona apoyo jurídico, asesoramiento familiar, información sobre derechos humanos y remisiones a asistencia social y sanitaria.
Palwasa Talash, la jefa de la unidad, no iba a permitir que se socavaran los derechos de Nabila.
Nabila y Salim fueron rápidamente localizados. Regresaron a Kabul, donde el departamento de investigaciones penales evaluó si se había cometido algún delito. Determinaron que Salim no había secuestrado a Nabila y que su matrimonio era voluntario y lícito, pero la Sra. Talash sabía que esto no resolvería las preocupaciones de las familias. Los padres de Nabila todavía eran inflexibles en cuanto a que ella debía casarse con su primo.
“Les expliqué que Nabila era adulta y debería poder elegir su futuro”, recordó la Sra. Talash. “No dejar que siguiera el llamado del corazón violaba sus derechos y tendría un impacto negativo en su futuro”.
Finalmente, la familia de Nabila cedió. Tanto ellos como la familia de Salim aceptaron la unión de sus hijos. En diciembre se celebró otra ceremonia matrimonial, esta vez con la presencia y el apoyo de las familias.
Cuando los funcionarios, como la Sra. Talash, pueden “manejar adecuadamente los casos de violencia de género, esto tiene un impacto directo que permite salvar vidas de jóvenes afganos. El derecho a elegir al cónyuge es un derecho humano y es como construimos un futuro más equitativo para el país”, manifestó la Sra. Mustafa.
La unidad de respuesta familiar de la Sra. Talash, y varias otras, cuentan con el apoyo del Departamento de Relaciones Exteriores y Comercio de Australia.
En general, las dependencias de respuesta familiar del UNFPA han venido trabajando desde 2006 en la protección de los derechos de las mujeres y las niñas. Sólo en 2020, a pesar de los desafíos planteados por la pandemia de COVID-19, estas unidades respondieron a 1.514 casos.
En cuanto a Nabila se refiere, se siente segura de haber hecho la elección correcta. Salim no sólo es el amor de su vida, sino que también apoya sus esperanzas y ambiciones. Con su aliento, se ha matriculado en la universidad.
“Quiero una vida segura”, aseguró al UNFPA. “Quiero que mis hijos sean educados. Quiero que nunca tengan miedo de realizar sus sueños. Quiero que nunca tengan miedo de defender aquello en lo que creen”.